En el fin de semana del 6-7 de mayo, se vivió una celebración llena de emoción, fe y gratitud al Señor en la Comunidad de Alcalá la Real. Casi recién llegadas estás hermanas por el nuevo traslado y la comunidad se volcó en detalles y preparativos para esta gran fiesta. Con gran alegría nos reunimos para conmemorar las Bodas de Plata de Eva y las Bodas de Oro de nuestra hermana Ana, Hijas de Cristo Rey, que han sabido entregar su vida con generosidad, sencillez y fidelidad al servicio de Cristo y de los hermanos.
La Eucaristía fue el centro y culmen de la fiesta. En torno al altar, la comunidad se llenó de espíritu festivo y oración, elevando una acción de gracias sincera por la vida consagrada de estas dos hermanas, testimonio luminoso de que seguir a Jesús merece la pena. La Eucaristía fue preparada por los hermanos y sobrinos y con mucho esmero , ya que Las lecturas, las ofrendas y los gestos de cariño hicieron palpable la presencia de Dios, junto con los cantos del Coro Renacer en María,al que pertenecen los padres de Eva, que acompañaron con belleza y hondura cada momento,y nos ayudaron a rezar y a vivir con mayor profundidad la celebración.
Eva, con la frescura de sus 25 años de entrega, y Ana, con la hondura de sus 50 años de camino, son para todos nosotros un signo de fidelidad y esperanza. Sus vidas, entrelazadas con la misión de las Hijas de Cristo Rey, nos recuerdan que el carisma recibido al Ven. José Gras sigue dando fruto en la Iglesia y en el mundo.
La jornada continuó en un ambiente fraterno y alegre, donde familiares, amigos y hermanas religiosas compartimos un encuentro sencillo pero lleno de cariño. Entre abrazos, recuerdos y palabras de agradecimiento, se hizo visible que el amor de Dios se concreta también en la cercanía y en la comunión de corazones.
Hoy damos gracias por este tiempo fecundo, por la fidelidad de Eva y Ana, y por la hermosa celebración que hemos vivido juntos. Que su testimonio siga alentando nuevas vocaciones y recordándonos a todos que la vida, cuando se entrega por amor, se convierte en una verdadera fiesta del Reino.










