«Dios está mostrando a la Iglesia el camino de la comunión, de caminar juntos», una invitación a «superar las vías paralelas que nunca se encuentran». Lo dijo el Papa a los presidentes y referentes de las Comisiones para los laicos de las Conferencias Episcopales. Al hacerlo, Francisco recordó que «la necesidad de valorar a los laicos no depende de alguna novedad teológica», sino que se basa en «una correcta visión de la Iglesia», la de «la Iglesia como Pueblo de Dios, del que los laicos forman parte de pleno derecho». Invitaba a «recuperar una eclesiología integral», que ponga el acento en la unidad y no en la separación, donde «el laico no es el no religioso, sino el bautizado», y se le aplique el término «discípulo, hermano».
Con este sentir, en el día de ayer y por primera vez en la historia de nuestro Instituto, tuvo lugar la participación de 29 laicos de las diferentes realidades apostólicas (Parroquiales, educativas, Movimiento MAR) en un Capítulo General. Tuvimos la oportunidad de compartir con ellos inquietudes, desos, retos … Previa a esta reunión, ya se habían encontrado con el Gobierno General en dos ocasiones telemáticamente, en las que trabajaron en torno a estos cinco bloques:
- Misión compartida
- Formación
- Presencia y carisma
- Compromiso apostólico
- Trabajo por proyectos
De este conjunto de laicos que representaban las presencias de nuestro Instituto en América, África y Europa, cinco de ellos fueron portavoces, compartiendo su reflexión en torno a la misión y carisma compartido. Tras escuchar su aportación, las hermanas capitulares compartieron por medio de los círculos de escucha, los ecos que habían dejado sus aportaciones, propiciando también un rico compartir a través de preguntas que posteriormente les íbamos a formular.
Concluimos el encuentro con una asamblea, con micrófono abierto en el que se intercambiaron agradecimientos, luces y perspectivas de futuro que unen camimos como familia carismática.
Agradecemos a todos los laicos de esta familia su entrega y generosidad por hacer realidad el sueño de José Gras: «HACER REINAR A CRISTO, SIENDO APÓSTOLES DE SU SOBERANIA»
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