El 13 de julio 2025 iniciamos una experiencia que nos tocó profundamente el corazón a los que participamos: religiosos de distintas congregaciones y laicos comprometidos nos aventuramos con la incertidumbre de lo desconocido pero con la esperanza y deseo de dar cada uno lo mejor de sí mismo. La comunidad Inter congregacional de los Hermanos de la Salle y Maristas, y las religiosas de la Divina Infantita nos acogieron en sus casas y nos abrieron sus diferentes lugares de misión insertándonos en las actividades que llevan a cabo, para apoyar y estar allí donde se nos necesitara. Nos hemos encontrado como en casa, ya que son comunidades abiertas, acogedoras, sencillas, con una gran hospitalidad, testimoniando una presencia significativa, en una realidad tan particular marcada por las diferentes culturas, religiones, lenguas, tradiciones.
Un sentimiento común nos ha acompañado, el sentirnos Iglesia, caminando en sinodalidad con la riqueza de la diversidad.
Por unos días hemos experimentado una comunidad fraterna viviendo a tope la vida diaria, compartiendo la misma fe a través de gestos sencillos, testimoniando la comunión. Aprendiendo a estar, respondiendo allí donde nos solicitaban en cada momento: para apoyar en alfabetización con mujeres marroquíes, participando en los diferentes talleres, (yoga, bailes, defensa, crochet, pintura, piscina)
En el Centro de menores de la Divina Infantita con las niñas, haciendo pulseras, llaveros, tarjetas, llevándolas de paseo por la ciudad, a la playa…Las experiencias de estos días son múltiples, como los encuentros con las diversas personas.
La palabra ENCUENTRO recoge lo que significó para mí esta experiencia, dejando huella de bien en cada encuentro.
Quiero compartir el impacto que me produjo el encuentro con la valla. Todos conocemos y hemos visto tantas veces en los medios de comunicación la valla fronteriza entre la ciudad de Melilla y Marruecos. Donde se controla la migración. Esta valla tiene un perímetro aproximadamente 12 kilómetros de longitud, con una altura que puede alcanzar los 10 metros, por motivos de seguridad reforzaron las vallas con concertinas (alambres con cuchillas) dejando espacios entre una valla otra con zanjas profundas haciendo imposible el paso, igualmente existen cámaras de vigilancia, sensores de movimiento, luces infrarrojas, patrullas fronterizas. Los sentimientos al ver esta realidad fueron de indignación, dolor profundo al ver cómo se levantan fronteras contra otros seres humanos que quieren dar el salto por distintos motivos, huyendo de conflictos armados, por persecución política, religiosa o sexual, pobreza extrema y falta de oportunidades, redes de trata o esclavitud.
Otro encuentro significativo fue con las hermanas de la Divina infantita y las Hijas de la Caridad en Nador, Estas hermanas nos compartieron lo que vivieron con los migrantes en periodos de saltos masivos en el monte Gurugú, les faltaban alimentos, agua potable, asistencia médica, tenían que bajar a la ciudad buscando lo necesario para poder subsistir o a cargar el móvil arriesgándose a ser detenidos por la policía. En cada salto había heridos o golpeados teniendo que volver al monte para ser curados y esperar un nuevo intento para saltar de nuevo. Las religiosas de la Divina Infantita y las de la Caridad han vivido muchas historias de personas concretas; iban a estos lugares siendo “verdaderas Samaritanas”.
El Tema de la migración me golpea internamente, siento el dolor como una llamada “Dios escucha el dolor de su pueblo “¿Qué me está pidiendo este dolor? A veces simplemente acercarme a ellos, intentar conocer sus historias, acogerlos a través de gestos sencillos, escuchándolos, sobre todo, tratarlos con dignidad. Ciertamente estos saltos han disminuido en esta zona, pero en otras partes del mundo se siguen levantando vallas de muchas maneras, existe la misma resistencia, se oyen frases lapidarias de ciertos grupos que denotan el racismo: “invasión migratoria” “No más paguitas para los ilegales” “Inmigración masiva y descontrolada” “Cierre de fronteras” “Expulsión inmediata”.

Esta deshumanización tiene que desaparecer, el odio que se genera, la exclusión, los datos y la información que recibimos son a veces falsos. Tenemos que contar historias reales, poner rostro y nombre al sufrimiento de estos hermanos. Hay que facilitarles la integración, la acogida, la justicia social. Hoy nuestra sociedad necesita “Samaritanos” que reconozcan la dignidad de estas personas.
Doy gracias a Dios porque mi Congregación, que me ha facilitado el poder hacer esta experiencia, es sensible a la situación de estas personas, porque se implica, porque es Samaritana, porque nos facilita que busquemos apoyar a estas personas uniéndonos a otras congregaciones, estructuras que luchan por destruir muros y crear puentes. Impliquémonos todos y ayudemos a ser “Migrantes, misioneros de esperanza” como nos dice el papa León XIV en el mensaje para la jornada Mundial del Migrante y Refugiado del 2025.
¡Gracias!
Hna. Lorenza López Hidalgo HCR




