En el contexto del año jubilar, 2025, que lleva por lema Peregrinos de la Esperanza y junto a él en la celebración también de los 150 años de nuestro Instituto Hijas de Cristo Rey, tengo el gozo de compartir el aniversario de los 25 años de mi profesión religiosa en un contexto de fiesta en el que agradezco que me acompañéis y compartáis mi alegría.
Tras estos años, ¡cómo dejar de reconocer el paso de Dios por mi vida y agradecer tanta bendición recibida!
En primer lugar, acción de gracias por el don de la vida, por mis padres, por nacer en el seno de una familia cristiana y sencilla, acostumbrada a trabajar la tierra y poner los ojos en el cielo. A esperar y cultivar la paciencia. En ese hogar aprendí a conocer a Dios y también a María, bajo distintas advocaciones, que mi abuela y mis padres me transmitieron.
A Nuestra Señora la Virgen de las Mercedes, la Virgen cortijera, Señora de chaparros y olivares, a Ella Mujer del sí, y Madre confidente, encomendé los duros comienzos de la incomprensión familiar para responder a la llamada del Señor, y a Ella sigo encomendando el rumbo de mi vida: “Madre, dadme/ dadnos lo que más convenga en cada preciso instante”
A lo largo de estos años he ido creciendo como persona y como religiosa en las distintas comunidades y obras apostólicas en los que he ido desempeñando varios servicios de la misma misión: Hacer reinar a Cristo, junto a hermanas, familias, catequistas y compañeros de misión de los que también aprendí: en San Gregorio, Palacios, Benifaió, Alcalá la Real, Betis, y El Carballo.
Gracias Señor, por las hermanas con las que he compartido estos años, por la rica formación recibida, que me han enseñado a conocer, querer, y vivir un carisma dentro de la Iglesia, don para mi vida.
Gracias mi Rey por tanto recibido, para poder entregártelo. Gracias por llenar mi corazón de nombres, por darme la oportunidad de vivir y participar de distintas actividades pastorales eclesiales y también en momentos importantes en nuestro Instituto, que de nuevo incendian mi corazón en celo apostólico.
Gracias por quererme entrañablemente, con mis límites y fragilidades. Por esperarme cada noche para regalarme el descanso merecido, y despertarme cada día con la luz de un nuevo amanecer. Gracias por tu fidelidad, por tu cercanía en acontecimientos y hermanas que me hablan de que no estoy sola, que tiene sentido vivir entregando la vida cada día por Jesús y su Reino, en lo sencillo, en lo pequeño.
Gracias por mi comunidad, en la que me siento querida y en donde en estos años he conocido a tantas hermanas, que a pesar de su fragilidad viven con sentido y alegría su ser de Hija de Cristo Rey. Ha sido bendición conocer, y acompañar en el dolor, a quienes ya no están, pero desde la casa del Padre siguen cuidando del Instituto y sus obras.
Gracias por mis compañeros actuales, que sintiéndonos familia carismática, dan lo mejor de sí por la evangelización a través de la educación… en los distintos frentes y servicios que hoy supone llevar un colegio hacia adelante.
Soy, somos, recolectores del fruto de tantas vidas entregadas… que no tengo más que decir:
Gracias Señor, por tanto recibido…. concédeme el don de la alegría y la entrega fiel, para vivir cada día diciendo” Yo soy de Cristo…” Hágase. AMEN
Hna. Rocío Ramírez. Comunidad de El Carballo (España)



